La historia del pan de payés, el pan de Catalunya.

El pan es la comida más consumida en el mundo. Existen más formas y variedades que países en el mundo y no hay persona que no lo haya probado, aunque sea una vez en la vida.

Se suele preparar mediante el horneado de una masa, elaborada fundamentalmente con harina de cereales, sal y agua. La mezcla, en la mayoría de las ocasiones, suele contener levaduras para que fermente la masa y sea más esponjosa y tierna. El pan ha sido tan importante en la alimentación humana que se considera como sinónimo de alimento en muchas culturas. Asimismo, participa en muchos rituales religiosos y sociales, como por ejemplo la hostia, en la eucaristía cristiana.

pan de payes

El pan de payés o pa de pagès, el pan en Catalunya.

El pan de payés o pa de pagès (en catalán) es un tipo de pan típico de la gastronomía de Cataluña, también común en las Islas Baleares. Se elabora siguiendo la forma tradicional con la que se elaboraba el pan en los pueblos rurales. De hecho es el pan de los campesinos. Contiene menos grasas que otros panes clásicos. La corteza es más gruesa que el pan común por lo que la miga de su interior se conserva blanda más días. La forma del pan de payés es redondeada y suele presentarse en dos formatos: de 500 gramos o de 1 kg. Debido a su gran tamaño, suele cortarse y comerse en rebanadas.

En Cataluña se acostumbra a comer untado con tomate, el llamado “pan con tomate” y suele acompañarse de embutidos típicos de Cataluña o jamón ibérico.

Se elabora frotando tomate crudo y maduro sobre una rebanada de pan tostado o no, aliñado al gusto con sal y aceite de oliva. Si se desea, una vez tostado el pan y antes de untar el tomate, hay quien restriega ajo para darle sabor picante.

¿De dónde viene la tradición del pan con tomate?

El origen de la receta se sabe que está inspirado en el pan con aceite, rebanadas de pan aliñadas con aceite de oliva y condimentadas con un poco de sal. El cocinero Josep Lladonosa i Giró, nacido en 1938, recuerda que su abuela Julia le contaba que ya sus padres comían pan con tomate. Con más precisión, Nèstor Luján afirma que la primera referencia escrita de pan con tomate data de 1884, y desmiente que la implantación del pan con tomate en Cataluña tuviera que ver con la inmigración murciana, como se había dicho popularmente. Según esta teoría, los trabajadores extremeños, murcianos y andaluces del metro de Barcelona, en los años 1920, plantaban tomateras al lado de los raíles para untar el pan seco. Según la tesis de Nèstor Luján, el pan con tomate se habría ideado en el mundo rural, en un momento de abundancia en las cosechas de tomate, para aprovecharlos y así ablandar el pan seco.

El novelista y gastrónomo español Manuel Vázquez Montalbán, lo describe de la siguiente manera “un prodigio de koiné cultural que materializa el encuentro entre la cultura del trigo europea, la del tomate americana, el aceite de oliva mediterráneo y la sal, esa sal de la tierra que consagró la cultura cristiana. Y resulta que este prodigio alimentario se les ocurrió a los catalanes hace poco más de dos siglos, pero con tanta conciencia de hallazgo que lo han convertido en una seña de identidad equivalente a la lengua o a la leche materna”.

¡Que aproveche!

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