El tinto de verano, una historia de sabor y frescura.

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En las verbenas y en las terrazas, en las reuniones amistosas y en las fiestas, nunca puede faltar un buen tintito de verano. Su razón de existir se explica muy fácil. ¿Porqué prescindir de un buen sabor de vino en una tarde calurosa de verano? Más en concreto la historia del tinto de verano nos lleva a Córdoba a principios del siglo XX.

En el primer tercio del siglo XX existía en Córdoba una popular venta ubicada en un punto de la carretera del Brillante situado frente al camino que llevaba al Cañito Bazán (hoy Avenida de la Arruzafa), que se encuentra en el distrito noroeste, a la que acudían famosos guitarristas y cantaores y en la que también había una escuela taurina.

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Se llamaba la Venta de Vargas por el nombre de su dueño, Antonio Vargas del Moral, y a ella acudían en las cálidas tardes y noches del verano los cordobeses a refrescarse con un vaso de vino tinto con gaseosa, que pronto empezó a conocerse por el nombre de la venta: “¡Vámonos al Brillante a tomar un Vargas!”. También, el origen del nombre Vargas pudiera provenir de la petición de un Valdepeñas con un refresco de gaseosa, lo que acortando daría Val-gas, y por derivación la “ele” ha pasado a ser erre convirtiéndose el término en Vargas.

La preparación es muy fácil, se prepara empleando la misma cantidad en volumen de vino tinto (generalmente vino de mesa) que de refresco. Una de sus principales características es que se suele emplear una gran cantidad de hielo. Opcionalmente se incluye una rodaja de limón. Algunas variantes incluyen una cierta cantidad de Martini rojo. Se sirve en un vaso tipo caña (20 cl) o tubo (33 cl). La popularidad de la bebida ha hecho que, a finales del siglo XX, algunas compañías de refrescos comercialicen y distribuyan esta bebida ya preparada y envasada.

En general hay dos tipos de tinto de verano:

tinto de verano 1Tinto de verano con limón. El vino contiene diferentes ácidos, ya sean de forma natural (tartárico, málico y cítrico) y procedente de la uva, o derivados de la fermentación. De hecho, es una bebida ácida.

Tinto de verano con gaseosa. Es la explicación contraria, ya que la mejor forma de paliar la escasísima calidad de los vinos usualmente utilizados es la gaseosa, que aporta sensaciones dulces. En este caso, se aspira a alcanzar el equilibrio. Quizá en apariencia refresque menos, pero al fin el organismo lo agradecerá más.

Normalmente se suele acompañar el vino con alguna tapa típica de la región, o al gusto del comensal. Y la verdad es que es una excelente combinación para disfrutar de una noche en el verano. No en vano se dice en España: “El vino por el color, y el pan por el olor, y todo por el sabor”.

 

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